Perfil Sacerdotal del siervo de Dios D. José Bau Burguet
La iglesia es el cuerpo de Cristo (I Cor 12) y este cuerpo se edifica por la realización, en todos sus miembros, del espíritu de Dios y al prójimo, hasta el perfecto desprendimiento de si mismo, porque “la caridad no busca su interés” (I Cor 13, 5)
Pero no se deja al arbitrio de cada individuo la manera de entregarse a favor de los demás por que es este caso se produciría un caos de la caridad. De ahí que el Espíritu distribuya ministerios y carismas como a El le place.
Dios tiene de cada cristiano un “idea” que le marca su puesto dentro de la comunidad Eclesial.
El cumplimiento de la voluntad divina no es ni el seguimiento de una ley general, igual para todos, ni la copia servil de un modelo individual, si no la realización libre de un designio amoroso de Dios que cuenta con la libertad del sujeto. Cada uno ha de averiguar en la oración la voluntad de Dios sobre sí.
Cada Santo es un testigo de la misericordia de Dios que no se cansa de obrar en sus criaturas para que alcancen la plenitud en el amor.
En cada santo se pone de relieve algún aspecto de la existencia cristiana, para que sirva de aliento, de estimulo para los demás, a fin de que asumamos nuestra personal aventura de seguir a Aquel que es “el solo Santo”
En el siervo de Dios D. José Bau Burguet, me parece que a nosotros, presbíteros diocesanos, se nos dice claramente que en nuestra vida como miembros de un presbiterio diocesano dedicados principalmente al ministerio parroquial es posible la práctica de las virtudes en grado heroico. Que en nuestra vida ministerial tenemos lo necesario y suficiente para la santidad sin necesidad de andar buscando apoyos fuera de ella.
El siervo de Dios fue un enamorado d su condición de presbítero diocesano, y quiso resaltar esta condición y hacerla estimar por los demás. Con esta finalidad dirigió, y personalmente escribió muchas biografías de la colección “Flores del Clero Secular”. El mensaje que subyace en esta iniciativa es muy claro: Para ser Santo un sacerdote diocesano no tiene que ser “algo mas”, no necesita de otros adjetivos.
Ante todo señalar la gran sencillez de esta vida carente de cosas extraordinarias o de situaciones que reclamasen “grandes decisiones”. Tampoco hay grandes obras de esas que provocan admiración a simple vista. Es solo un sacerdote que cada día se aplica con enamorado empeño a cumplir lo que va viendo en la Voluntad de Dios sobre el

Amor a la Eucaristía
Su amor a la eucaristía era inmenso.
Se preparaba siempre con la oración. (Anécdota del Arz. Melo)
Celebraba con tal fe y reverencia que causaba admiración en los fieles. No era afectado, pero su manera sencilla y viva de celebrar comunicaba fe. Su fervor contagiaba a los presentes.
Dedicaba una media hora de acción de gracias, siempre de rodillas ante el Santísimo.
Cristo en la eucaristía, era el centro de atracción de su vida: el Amigo bienamado. Por eso pasaba muchas horas al día y no pocas de la noche en su presencia.
A la Eucaristía acudía cuando tenia un asunto importante que resolver, o una consulta grave a la que responder:” Diremos misa por ello”. Al día siguiente daba cumplida respuesta o solución adecuada